Por dr. Frank González
El que ama a su mujer a sí mismo se ama (Efesios 2:28).
El capítulo 5 de Efesios contiene consejos tan claros para la felicidad hogareña que hasta un niño puede seguirlos sin complicaciones. Veámoslos:
(1) ¡En primer lugar, el querido apóstol nos aconseja a cantar! ¿Podemos imaginar algo así? Esto es lo que dice: “Sed llenos del Espíritu. Hablad entre vosotros con . . . himnos y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor con todo el corazón. Siempre dad gracias por todo al Dios y Padre, en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5: 18-20). ¡Qué maravilloso consejo! Todo hogar debiera estar lleno de canciones y agradecimientos a Dios. Desde el primer día de su matrimonio, se invita al esposo y la esposa a arrodillarse juntos para hacer lo que se conoce como “el culto familiar”, con el fin de orar juntos y cantar los bellos himnos de alabanza al Señor que los ha hecho ser uno.
(2) Esto dará como resultado que el esposo y la esposa sean “sumisos unos a otros por reverencia hacia Cristo” (vers. 21). El solo acto de arrodillarse juntos para orar, traerá ahora mismo sanamiento a dos corazones separados. ¿Por qué hacemos esta declaración tan positiva? Porque la promesa que Jesús hizo siempre se cumple. ¡Él nunca nos queda mal! Aquí está: “Os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra, todo lo que pidan les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (S. Mateo 18: 19). ¡Aunque Satanás convocara a todos sus demonios, no podrían revocar esa promesa, la cual se cumple en favor de cualquier esposo y esposa que oren juntos!.
(3) Dios no se propone que ninguno de ambos cónyuges domine al otro, o le imponga sus exigencias. Pablo dice a las esposas: “Estad sujetas a vuestros esposos, como al Señor, porque el esposo es la cabeza de la mujer, así como Cristo es la cabeza de la iglesia y Salvador del cuerpo” (vers. 22, 23). Pero pensemos con cuidado: ¡lo dicho no justifica la tradición popular según la cual el esposo tiene permiso para portarse como un tirano egoísta! ¡Mil veces no! Debe dominarse “en Cristo” con el fin de ser para con su esposa lo mismo que Cristo es para con su iglesia. ¿Y cómo trata Cristo a su iglesia? Ciertamente que no usa con ella el estilo popular y “machista” de muchos jefes de hogar. Dios no creó a la mujer –ni al esposo– para que fuera una alfombra que se puede pisotear. Jesús nunca obligará a su iglesia a que le sirva en forma automática, motivada por el temor. Su anhelo siempre es ganarse el corazón del pueblo. Así también es la forma como el esposo puede llevar la felicidad a su hogar: ganarse el corazón de su esposa con su amor y comprensión.
(4) El Señor Jesús comienza con una “esposa” [su iglesia] que está muy lejos de ser perfecta. Vemos aquí un paralelo con nosotros: rara vez o nunca se halla preparado ninguno de los cónyuges para ser en el momento de contraer matrimonio todo lo que el otro espera. Hay desencantos y fracasos. Pero Jesús enseña y prepara a su novia, de modo que ella sea “santa e inmaculada” (Efesios 5: 27).
Siempre que me encuentro con una mujer madura que es interiormente bella y feliz, pienso: “¡Me gustaría conocer a sus esposo! Debe ser un hombre muy sabio”. A fin de cuentas, el esposo obtiene la clase de esposa que él mismo ha hecho posible que ella llegue a ser. Su trato abnegado y comprensivo ahora recibe una recompensa más allá de todo cálculo, en la felicidad que ella le trae. Parece casi egoísta, pero San Pablo dice: “De ese modo el esposo debe amar a su esposa como a su mismo cuerpo. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo” (vers. 28). Aun en sus encuentros íntimos, los esposos aprenden que lo que produce el mayor placer y la felicidad más duradera, es prodigarle a su compañera sus cuidados abnegados.
(5) Busquemos por todo el mundo, y veremos que “nadie odió jamás a su propia carne, antes la nutre y la cuida” (vers. 29). Aquí vemos en seguida que la bendición es parte integrante de la naturaleza humana; ¡el único problema es que el pecado, con su mundanalidad, nos ha hecho ser ciegos a lo que el Señor ha escrito dentro de nuestra propia naturaleza!
(6) Efesios ahora nos revela el plan que Dios tiene para que haya felicidad duradera entre el esposo y la esposa. El apóstol cita lo que Adán había dicho mucho antes: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos vendrán a ser una sola carne” (Efesios 5: 31). La palabra original que se traduce como “unir” significaba un estado de unión que no permite la división o “des-unión”. Unidos para siempre en amor, primero apreciando profundamente que Cristo se haya entregado a sí mismo por nosotros; y segundo, apreciándose profundamente el uno al otro. ¡Un hogar así, sí que encanta! ¿No es verdad?
A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne (Efesios 5: 27-31)


Jueves 15 de Noviembre, 2012